25 jun. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 38

Del pensamiento guevariano: …la culpa es de Raúl, pero Fidel no castigará a su hermano mientras me tenga a mí…

Agosto 8 de 1967
[…]
La marcha resultó penosa y lenta. La brecha que abrían los macheteros era muy estrecha. Además, el terreno demostró ser bastante accidentado. Le grité a Benigno que chapeara más amplio. No me oyó porque estaba muy lejos. Me fui desesperando. El asma se despertó. Encima, o sea, debajo, la yegüita tampoco quería apurarse. La insulté. No me hizo caso. Me llevaba con más lentitud que el resto de los hombres a pie. Grité varias veces “¡arre, conchuda!”, y la animé con los talones. La terca yegua tan sólo resopló y siguió igual. Casi lloré. Volví a llamarla “¡conchuda maldita!” No reaccionó. Entonces saqué el puñal y se lo clavé en el cuello. La herida fue grande y profunda, brotando abundante sangre del animal.

Nadie dijo una palabra hasta que ordené acampar. Resolví detenernos porque a la yegua herida se le doblaron las patas. Me levanté del suelo con ayuda de Aniceto. Luego lo mandé a avisar a los macheteros, que ya iban un par de kilómetros adelantados.

Organicé la avanzadilla que venía planeando desde hace unos días. Serán Benigno, Coco, Aniceto, Pocholo, el Ñato, Darío, Pablito y Camba. No prescindibles son Benigno y Coco, sobre todo el primero. Saldrán temprano en la madrugada y avanzarán todo el día sin pausas innecesarias. Pasado mañana al amanecer regresará Camba para reportar lo que hallaron. El resto seguirá a igual ritmo. Al día siguiente vienen Pablito y Darío. Al otro día, lo mismo, retornando Coco y Aniceto. Por su parte, Benigno, Pocholo y el Ñato no pueden regresar hasta que no consigan mis medicinas. La reintegración de los primeros 5 exploradores tomará un máximo de seis días. O un mínimo de cuatro, si nosotros nos movemos hacia ellos. Si nos cruzamos en el camino, puede demorar más. No quiero pensar en el caso de que nos perdamos.

La noche la reservé para una necesaria reunión de análisis. Expuse lo difícil de nuestra situación y descargué duro: Hay mejorías. Pacho ya camina desde que nos comimos su caballo. En cambio, yo soy un auténtico guiñapo, mas aquí sigo. Sólo en momentos muy puntuales, como con la yegüita, he tenido un pequeño descontrol. Eso no sucederá nuevamente. Dudo que la yegüita sobreviva esta noche. Ahora bien, estas deficiencias detectadas son, a todas luces, un problema colectivo. Cada uno en el grupo debe sentir el mismo peso sobre sus hombros, y ya es hora de que cada cual reconozca si puede sobrellevarlo o no. Quien no pueda, que salga y lo diga. Este es el momento de dar la cara. Las vicisitudes de la lucha guerrillera nos posibilitan dos cosas: crecer hasta alcanzar la categoría superior humana, el ente revolucionario, y forjarnos como hombres. El que no sea capaz de conseguir al menos una de las dos categorías que lo manifieste y que se vaya.

La totalidad de los cubanos afirmaron ser hombres y revolucionarios. Cuatro bolivianos prometieron llegar a revolucionarios. El resto parecía dudar. Fui directo al grano y exigí definición a los más flojos.

Chapaco prometió graduarse de hombre, aunque le llevase el tiempo que fuese. Camba dijo que pensaba que podría llegar a ser hombre, pero que no estaba seguro si lograría algún día ser ente. Eustaquio afirmó que él no era menos hombre que Muganga, su compañero en la guardia binacional, ya que el cubano no recoge nunca leña cuando les toca, e incluso en las marchas colgaba su mochila en el mulo. El Moro le contestó a gritos que era un maricón y que para ser hombre lo primero era saber callarse. Pocholo aprovechó para denunciar que no sólo el Moro dejaba todo el trabajo para Eustaquio, sino que también Pacho le hacía lo mismo a él. Inmediatamente Pacho lo llamó hijoputa, lengüilarga y otros apelativos. Tuve que zanjar el debate antes de que se fueran a las manos. Declaré que nuestro objetivo no era discutir aquí los problemas personales entre los compañeros, y di por terminada la reunión.

[…]

24 jun. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 37

Reencarnación
Agosto 6 de 1967
[…]
La mudanza de campamento transcurrió sin ningún percance. Alcanzamos a los chapeadores junto a otro arroyito. Dispuse quedarnos allí para garantizar por lo menos el agua. Ordené que Benigno, Camba, Urbano y León continuaran chapeando. Camba, Urbano y León se mostraron algo inconformes. Mandé a Miguel con Aniceto a revisar el riachuelo y sus alrededores. No regresaron. Eso me causó cierto nerviosismo. Eso y los disparos que oí a lo lejos. Nadie más escuchó los tiros. No tienen el oído tan bien entrenado. Reforcé las postas.

Reuní al resto de los hombres, y pedí a Inti y Chapaco referirse a la fecha de hoy, día de la independencia boliviana. Inti hizo un bonito recuento de las luchas independentistas desde 1809 hasta 1825. Chapaco, en cambio, se fue del tema. Recordó que Bolivia fue invadida en el mismo 1825 por Brasil, en 1828 por Perú, en 1838 por Argentina, en 1841 otra vez por Perú, en 1879 por Chile, en 1889 de nuevo por Argentina, en 1899 otra vez por Brasil y en 1932 por Paraguay, perdiendo siempre las guerras y extensos territorios a manos de cada uno de los invasores. Como no sabía a dónde pretendía llegar, no me decidí a interrumpirlo. Chapaco continuó. Afirmó que, por tanto, él tenía mucha fe en la victoria de la invasión cubana. Ahí me vi obligado a intervenir, una vez que cesaron los aplausos, para aclarar las cosas. Dije que nosotros constituímos el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, y que no importa dónde nació cada cual, pues ahora todos somos bolivianos. Tal vez yo sea un poco más internacional, pero también estoy dispuesto a guiar al pueblo boliviano hacia su liberación definitiva.

Agosto 7 de 1967
[…]
Al mediodía no habían regresado Miguel y Aniceto. Los di por muertos. Critiqué a los hombres por no haber sabido escuchar los disparos ayer. Ordené a Benigno que fuera con los macheteros tras las huellas de Miguel. Le advertí de que no se arriesgase. Si el enemigo aún estaba presente, debía retirarse sin intentar recuperar las pertenencias de los caídos.

A la una de la tarde llegaron Miguel y Aniceto. Obviamente estaban vivos, lo cual era un gran alivio, sobre todo para ellos mismos, pero también para todos nosotros.

Luego empecé a preocuparme porque no regresaba Benigno. Mas no había razón. Arribaron antes de oscurecer siguiendo las huellas de Miguel. Sacrificamos al caballo Anselmo. Pacho lloró. Nadie se burló. Todo el mundo entiende lo molesto de caminar con una herida en la grupa.

Me dio un ataque de asma antes y otro después del atracón de carne.

Hace justo 9 meses se inició la guerrilla boliviana. Cuando llegué, éramos seis. De aquellos hombres hoy dos han muerto, uno está desaparecido (probablemente otro muerto), y quedamos dos heridos y yo con asma.

Mañana continuaremos nuestro avance.

[…]

19 jun. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 36

Foto: Reconstrucción criminalística en cera a partir del cráneo fósil de un neandertal. El parecido con Ernesto Guevara resulta sorprendente.

Agosto 1 de 1967
[…]
El terreno es sumamente inhóspito. Sin embargo, la dificultad de nuestro avance tiene explicaciones más subjetivas. No conocemos el camino y no sabemos a dónde vamos. Por tanto, lo otro es superable con un mayor esfuerzo. A las dificultades las venceremos aprendiendo. Y mientras se mantenga la disciplina ideológica, la gente podrá sobreponerse a los inevitables desastres.

Fue ejecutado el primer caballo. Se escogió al segundo más díscolo. El primero era el Negro, y no tenemos esperanzas de que se reincorpore voluntariamente.

La emboscada que montamos por unas horas fue en vano. No apareció el ejército. No obstante, el nuevo esquema bélico se mantendrá de ahora en adelante: primero dejar pasar al enemigo y luego dispararle por detrás.

El asma estuvo regular.

Agosto 2 de 1967
[…]
El asma amaneció salvaje. Nos vimos obligados a permanecer en el lugar. Benigno me preguntó varias veces qué hacer. No recuerdo haber contestado.

Después del almuerzo mejoré en parte. No lo dije para que no me atosigaran pidiendo órdenes. La radio nos ignora.

Al oscurecer volvió el asma con más fuerza. Tomé unas tabletas. Sólo me aportaron un fuerte dolor de cabeza.

Agosto 3 de 1967
[…]
Reanudamos la marcha con mucha lentitud. Quedan dos caballos. Pacho usa uno y yo el otro. Cuando se acabe la carne tendremos que sacrificar el de Pacho. El está mejor de la nalga herida. El escroto no quiere mostrarlo, pero asegura que va bien. No lo dudo, ya que no se le nota ningún cambio en la voz.

Mi asma, por el contrario, empeora. Me inyecté la novocaína. No tuvo efecto. La radio sigue sin mencionarnos. Debe ser una estratagema de Barrientos: ignorarnos hasta la insignificancia. No se saldrá con la suya. En cuanto pase el asma, nos haremos notar.

Agosto 4 de 1967
[…]
El asma cedió un poco. Otra vez me floreció la urticaria del Congo. Me pica tanto que resulta muy difícil cabalgar. Desesperante. Me puse intratable. Poco a poco percibí que nadie quería estar cerca para no recibir críticas. Ninguno, menos Benigno. Lo regañé fuerte. Olvidé la causa. Benigno sollozó un poco. La urticaria me siguió picando.

Alcanzamos un cañón. Desde aquí se divisan unos chacos a lo lejos. Eso agilizará nuestra marcha mañana. Reforzaré el equipo de chapeadores.

Agosto 5 de 1967
[…]
Puse a Benigno, Camba, Urbano y León a chapear. Sólo Camba mostró cierta inconformidad. Subí la norma para los cuatro. Mandé a Miguel a inventariar los chacos. Resultaron ser un espejismo, Miguel no encontró nada. La carne de caballo se agotó. Eso no es tan malo, pues estamos escasos de agua.

Pacho planteó que le está doliendo de nuevo la nalga. Pospuse la ejecución de Anselmo, su jamelgo. La zona luce desprovista de caza. Mañana habrá que pescar. Ahora bien, primero necesitamos encontrar un río.

No me quedará más remedio que mandar una avanzadilla. Me fastidia usar esa táctica desde que perdimos a Joaquín y su gente. El riesgo es muy grande, por ende, lo más importante es balancear el grupo de exploradores entre capaces y prescindibles.

El asma se ensañó conmigo. Y la urticaria. Pero sobre todo el asma.

[…]

16 jun. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 35

Seguiremos fusilando...
Julio 31 de 1967
[…]
Nos replegamos con todo sigilo y sin dejar rastros, logrando así nuestra mejor operación de las últimas horas. Montamos el campamento a unos 5 kilómetros del anterior.

La asamblea de méritos y deméritos del mes duró esta vez toda la noche. Fue por culpa de los deméritos. Por cierto, no se pudieron apuntar de forma apropiada. El libro de actas se perdió en la fuga. Igual suerte corrieron la grabadora con los mensajes de La Habana, los prismáticos Zeiss, el segundo tomo de la Historia de la Revolución Rusa de Trosky, mi calabaza de mate favorita, la bombilla dorada que me regaló Tania, otra bombilla viejita medio tupida y de formidable sabor, y diversos medicamentos, entre otras cosas, en un total de 11 mochilas.

Recapitulé también los errores cometidos: mala ubicación del campamento, poca agilidad en la retirada, demasiada confianza en el campo de batalla –es un decir, puesto que era un río-, apuro innecesario al recoger los pertrechos, indecisión en el proceso de escape, descoordinación de las fuerzas operativas y abandono de la propiedad colectiva. Anuncié que habrá una sanción para todos, cuyo carácter se decidirá próximamente.

Al final dediqué unas palabras a los compañeros caídos. Propuse, para después del triunfo, la edificación de sendas escuelas con los nombres de estos combatientes valiosos e irreemplazables. Lo segundo es especialmente cierto, y ya sólo quedamos 22.

Por supuesto, la honestidad revolucionaria nos obliga aquí a un juicio más objetivo.

Raúl Quispaya fue uno de los primeros bolivianos en incorporarse a la guerrilla. Era muy reservado, un poco lento y bastante vago, características nada extraordinarias en la cultura andina. Ni en ninguna otra tampoco. Sin embargo, en la medida que se iba mezclando con los cubanos, Raúl cambió. Dejó de ser introvertido. Eso le costó la vida.

Por su parte, Ricardo se llamaba José María Martínez. En Cuba le decían Papi. Incluso los compañeros. Oriundo de un poblado cercano a Mayarí, Papi era tan indisciplinado como temerario, así como poco amigo del trabajo. Estuvo conmigo en el Ejército Rebelde desde el primer fracaso en el Segundo Frente. Más tarde me acompañó al Congo. Allí se puso Papiñangui, pero no engañaba a nadie con su pálida tez. Aunque lo consideraba el peor de los veteranos, lo traje porque se ofreció de voluntario. Lo echaremos de menos en los próximos combates.

Resumen del mes
[…]
La guerrilla muestra continuidad. Concretamente, continúa la separación de Joaquín, sigue el descuento de guerrilleros y persiste la falta de incorporaciones.

Los objetivos del mes se cumplieron de manera parcial. El mínimo propuesto de 3 combates se alcanzó, mas nos quedamos cortos de vacas, 3 de 4. Nulo resultó el reclutamiento.

Al ritmo más acelerado de este mes aún hay guerrilla para casi un año.

En contraste, los aspectos subjetivos son excelentes. La moral del ELN se fortalece día a día. Nuestro prestigio ya toma volumen continental. Argentina ha cerrado la frontera, y Perú se dispone a hacer lo mismo. Brasil y Chile se mantienen a la espectativa. Sólo Paraguay parece que no se ha enterado de nuestra existencia. Es bueno saberlo para el caso de un repliegue fuera de Bolivia. Temporalmente, desde luego. Claudicar no es una opción.

Los únicos flojos vivos son Camba y Chapaco.

El ejército tuvo unas 17 bajas entre muertos y heridos en julio. Reinciden en los mismos fallos y defectos. Es curioso que nos acosen tanto. Más daño hacen los créditos americanos, que el gobierno invierte en subsidios, arrebatándonos descontentos.

Las metas de agosto son: menos combates, más vacas, algún recluta. Y mis medicinas.

[…]

10 jun. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 34

Traducción del coreano: El amado gran líder eterno Kim Il-Sung recibió con cálida benevolencia el reverente saludo y el humilde agradecimiento por las sabias enseñanzas de parte de su devoto discípulo Che Guevara.

Julio 28 de 1967

[…]
Perdimos el contacto con la vanguardia, que se internó demasiado en el cañón. No pudimos seguirlos porque los caballos se negaron. Ni siquiera reduciendo la carga logramos convencerlos. Está claro que esa conducta sólo conduce al tasajo.

Julio 29 de 1967
[…]
Una vez que atravesamos el cañón, nos ubicamos geográficamente con gran precisión. Estábamos junto al Rosita. Llegaron tanto la vanguardia como algunos rezagados, y ordené continuar la marcha. Parece que no se entendió muy bien la orden. Todos se movían muy despacio, arrastrando los pies o los cascos. Por lo que decidí acampar para recuperar fuerzas y reorganizar los recursos disponibles. El lugar era bastante expuesto, pero el cansancio impuso su ley.

Le pedí al Chino que diera una charla sobre la fecha de ayer, día de la independencia de su patria. El peruano asumió la tarea con mucho entusiasmo e hizo una conmovedora analogía entre nuestra persona y el general San Martín.

Julio 30 de 1967
[…]
Otro combate inesperado, aunque esta vez hay bajas que lamentar de nuestra parte. Pudo haber sido peor si el Moro no se levanta a las 4 a colar café. En eso estaba, cuando vio una linterna cruzando el río. Yo también estaba despierto a esa hora, mas no vi la linterna por culpa del asma. En cambio, la posta no percibió nada porque la colocamos en un ángulo muy discreto. El dilema de las guardias no hemos logrado resolverlo todavía. Si plantamos la posta con buena visión, nos matan al hombre, como sucedió con el Rubio. Pero si lo escondemos bien, como hoy, entonces nos sorprende el enemigo.

Fue Miguel quien le dio el alto a la linterna. Resultó ser el destacamento Trinidad, compuesto por unos 2o soldados. El espontáneo tiroteo tuvo el efecto de despertar intempestivamente al resto de los guerrilleros. Como es lógico, se desató el caos de inmediato. El Negro aprovechó para desertar. Se llevó consigo el mortero, una caja de proyectiles y el hacha. Me refiero a Negro el caballo, por supuesto. Negro el peruano nunca podría correr con tanto peso. Y a los cubanos ni se les ocurriría intentarlo. Nuestra premura en la retirada envalentonó a los soldaditos, y tuvimos que apurarnos aún más. Por lo tanto, podemos hablar mejor de autoestímulo transferido, más que de pánico.

El hostigamiento enemigo no menguaba, así que más adelante me vi obligado a dejar la mitad de los combatientes, 12, cubriendo nuestro repliegue táctico por las márgenes del río. Miguel, Coco y Pocholo marcharon delante, buscando un punto donde atrincherarnos y dar lugar a un pequeño Stalingrado.

Resolví tomar un descanso, pero en eso llegó Camba reportando que habían abatido a Ricardo y Aniceto mientras cruzaban el río. Lo envié por Miguel y Pocholo, con indicaciones para Coco de que siguiera procurando un escondite. Ordené que Urbano, Ñato y Camba fueran a recoger los heridos con dos caballos. León me recordó que Camba acababa de salir en busca de Miguel. Mandé entonces al propio León con Urbano y Ñato. Les dije que no cogieran al Negro para esa tarea. Ñato sacó a colación que el Negro había escapado. Me dieron ganas de aplastarle la nariz, pero al instante comprendí que sería inútil y me limité a gritar un poco.

Luego apareció Camba de nuevo para decir que los soldados lo habían pillado junto con Miguel y Pocholo. Me exasperó, puesto que los tres pasaron directo al area de combate sin detenerse aquí a recibir mis instrucciones. Grité más. Camba reclamó órdenes. Lo mandé de vuelta con refuerzo: Eustaquio, quien me aseguró que ya no cierra los ojos al disparar. El Chino e Inti se ofrecieron para ir también. Denegué la solicitud. Me quedé sólo con el Chino, Inti y Pombo, aún convaleciente de una herida en la pierna. Fue una situación de alto riesgo para la comandancia y, en consecuencia, para el ELN. Nada que hacer, los avatares de la contienda lo exigían así. Enseguida nos adelantamos buscando el escondite de Coco. Lo encontramos. A Coco, sin escondite.

Ya era la una de la tarde y no había almuerzo.

Poco después apareció Camba por tercera ocasión, e informó que Raúl había muerto y que Pacho estaba herido. Pregunté por Ricardo y Apolinar. Camba contestó que Ricardo estaba muy mal herido; que de Polo no sabía nada desde que nos separamos de él, Joaquín y el resto de la rataguardia hace tres meses; pero que Aniceto, el otro imprudente que cruzó el río, estaba ileso, si bien casi se ahoga por esconderse tanto tiempo bajo el agua.

Al atardecer se incorporaron los demás combatientes y me enteré de primera mano de los detalles de lo acontecido. Olo y Raúl consiguieron distraer a los soldados para que Arturo y Pacho sacaran a Ricardo y Aniceto del río. Arturo sacó a Aniceto, que se hacía el muerto y ya estaba tragando agua. Por su parte, Pacho arrastró a Ricardo hasta las malezas de la orilla. Los soldados descubrieron la operación de rescate muy tarde. Arturo se desplomó entre los matorrales de la orilla por el peso de Aniceto, hinchado de agua. Pero Pacho soltó a Ricardo y, antes de cubrirse, tuvo la ocurrencia de vociferar un improperio hacia los soldados llevándose la mano a la entrepierna. Como consecuencia de su insensatez se llevó un tiro en el escroto. Entonces se dio la vuelta para protegerse, y le dieron otro balazo en una nalga. En ese instante Raúl le gritó a Pacho que se escondiera de una vez, y recibió un letal disparo en la boca.

La retirada de los sobrevivientes hasta nuestra posición fue muy penosa, sobre todo por los heridos. A Pacho lo doblaron sobre un caballo. Sin embargo, a Ricardo hubo que transportarlo en hamaca por turnos. Willy y Chapaco se negaron a cargar, alegando dolor de espalda el uno y problemas con el calzado el otro. Si tuviera más hombres fusilaba a esos dos hoy mismo. Willy, además, perdió su mochila, en la cual se encontraba la última bolsa de plasma, ahora necesaria para salvar a Ricardo. Le hice un curativo a la nalga herida de Pacho. El escroto fue perforado, pero por suerte el proyectil no tocó los testículos. No quiso que yo se lo cosiera. Ricardo murió a las 10 de la noche. A Willy y Chapaco les tocó cavar la fosa.

[…]

8 jun. 2009

Suerte doble

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Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 33

Sustituto
Julio 25 de 1967
[…]
Día de descanso e instrucción. Impartí un cursillo táctico-militar de 4 horas para limar ciertas deficiencias que he podido detectar en la guerrilla. Nos concentramos en tres temas: a) La exploración, tarea necesaria y preámbulo del combate victorioso (15 min); b) El racionamiento, una necesidad revolucionaria, incluso en tiempo de guerra (30 min); y c) El machete, su uso adecuado y utilidad en la selva, teoría y práctica (3 h 15 min).

La única forma de continuar avanzando en los próximos días es abriendo monte a machete. O en balsa arroyo abajo.

Julio 26 de 1967
[…]
Desistimos de la opción de la balsa. El prototipo que construimos se hunde. Resulta raro, siendo de madera. Se recuperó la balsa, ya que el arroyo tiene apenas 3 o 4 pies de profundidad. La analicé, y mi conclusión es que, lamentablemente, el matojo y el bejuco local no rinden para esos menesteres.

La emboscada que preparé a retaguardia tampoco tuvo saldo positivo. No pasó ni una sola vaca.

La radio insiste desde ayer en la noticia de un ataque guerrillero en San Juan del Potrero. Anuncian que fueron capturados 15 soldados y un coronel, y que luego fueron dejados en libertad y en pelotas. En inverso orden. Cualquiera diría que fuimos nosotros. Sólo que San Juan está junto a la carretera Cochabamba-Santa Cruz y nosotros no seríamos tan necios de aproximarnos a esa vía, ni aún en el caso de que pudiéramos evadir el actual cerco. Además, ¿cuándo se ha visto a un coronel boliviano a pie? Una de dos: es una sutil maniobra de Ovando para embullarnos a movernos en aquella dirección, donde seguramente nos espera una trampa, o se trata de otra exageración propagandística de la inteligencia cubana.

Precisamente me tocó dar una charla sobre el significado de la fecha del asalto al Cuartel Moncada. Pocholo me preguntó por cuál posta yo entré al cuartel durante el fallido ataque. Le tuve que explicar que yo no participé, pues en esa época me encontraba precisamente acá en Bolivia; pero que, sin embargo, ya en 1956 tomé parte en la segunda parte de la insurrección cubana, y ahí sí se consiguió la victoria.

Julio 27 de 1967
[…]
El nuevo combate fue tan corto como inesperado. Ya casi nos íbamos del campamento cuando se anunció la presencia del ejército. Mandé a Willy, Dick, Inti, Eustaquio, Chino y León a reforzar la emboscada, ya que originalmente eran apenas cuatro hombres. Tras unos minutos de espera llegaron los soldados. Eran ocho. Matamos a cuatro, mas no pudimos quitarles el equipamiento por culpa de los otros cuatro. Nos retiramos con gran agilidad arroyo abajo y sin balsa, puesto que no había tiempo para el chapeo. Avanzamos hasta encontrar un cañón transversal, donde nos internamos e instalamos otra emboscada.

La humedad en los pies me causó un fuerte ataque de asma. Me negué a encender una hoguera para secármelos porque indicaría nuestra posición al enemigo. La estrategia es lo primero, la salud viene después.

[…]

7 jun. 2009

Las notas perdidas del Diario del Che en Bolivia 32

Foto: Dos banderas y tres jetas, aún insuficientemente juntas.
Julio 22 de 1967
[…]
El plan era salir de la zona sin ser vistos y sin dejar rastros. Se lo expliqué a los hombres con lujo de detalles. Se tomaron todas las precauciones. Colocamos las cargas bien atadas a las bestias. Sobre el lomo o los hombros, según el caso. Salimos antes del amanecer con rumbo sur. Camba y Chapaco marchaban de últimos, borrando nuestras huellas con sendas escobas hechas de follaje. Funcionó perfectamente por casi dos kilómetros. Hasta que nos perdimos. Me vi obligado a enviar a Coco y Benigno por un guía. Mandé a Camba y Chapaco con ellos para que borraran las huellas al regreso. No pareció gustarles la orden.

Poco después aparecieron dos campesinos conduciendo ganado. Tomamos una ternera en custodia, y anunciamos a los dos lugareños que les devolveremos la res si no hablan. Prometieron que no dirían una palabra a nadie sobre nosotros. No sé por qué, pero me dio la impresión de que ellos tampoco tienen intención de cumplir su parte.

Coco, Benigno, Camba y Chapaco regresaron. Sin guía. Camba y Chapaco se mostraban de muy mal humor. Ordené acampar junto a un cercano arroyo.

Julio 23 de 1967
[…]
Continuamos en el campamento del arroyo. No apareció práctico alguno. Tampoco pasó nadie que sepa dónde estamos. Hubiera sido mejor habernos quedado con uno de los pastores en lugar de la dichosa ternera.

Ordené dos exploraciones que no produjeron resultados muy convincentes.

Se procedió a asar la ternera. Quedó muy tierna y eso mejoró el ánimo de todos. Es una virtud del revolucionario contentarse con lo que ofrezcan las circunstancias.

Julio 24 de 1967
[…]
Tras la larga caminata ascendente de tres horas seguimos sin saber dónde nos encontramos, pero al menos tenemos varios chacos en los alrededores con viandas y granos.

Nos detuvimos para aprovechar la comida circundante mientras desciframos el último mensaje de La Habana. Se nos informa de las acusaciones que me han hecho los checos. En Praga critican despiadadamente mi llamado a crear 3 o 4 Vietnams. Esos hipócritas apuntan hacia la sangre derramada con nuestros modestos esfuerzos en este proyecto de liberación. Y encima advierten sobre la matanza que significaría el surgimiento de varios Vietnams. Los checos no han entendido el socialismo. No han entendido la lucha revolucionaria de los pueblos. No han entendido nada. No se puede crear una sociedad justa sin liquidar a los injustos y a todos sus secuaces. Raúl rebatió con firmeza las críticas checas frente a la promoción de la escuela de oficiales. Conociendo su sensibilidad, lo imagino con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada defendiendo nuestro derecho a matar por el bien de los oprimidos.

Un día no tan lejano, tal vez en veinte años, a más tardar en el próximo siglo, desde nuestras tierras liberadas de América habremos de ir a enseñarles a los reblandecidos europeos lo que es el verdadero socialismo.

[…]
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